Recuérdame cómo era acariciarte en el lugar sin tiempo, donde tu nombre y el mío se borraban. Donde lloramos tristezas de agua dulce, ríos que hoy alimentan los árboles y los animales.
Llévame al principio de los días cuando inició la canción que aún sigue sonando. El eco sutil y profundo que cantan los árboles, el latido de la tierra bajo nuestros pies.
Déjame saltar al vacío que descansa en tu mirada.
Ya no quiero tener más miedo. Tanto dolor anuncia el fin de una larga pesadilla.
Recuérdame ese lugar sin tiempo donde tu nombre y el mío se borraban.
Donde fuimos silencio y sonido, donde creamos flores y hadas con nuestro pensamiento
Ideas, preguntas e historias que nacen al caminar por la ciudad... Acabando con la rutina,naciendo al despertar, pintando el mundo con letras.
viernes, 12 de febrero de 2016
martes, 13 de octubre de 2015
.
La naturaleza de la gracia es expansiva. La plenitud es como el agua que llena el vaso y lo desborda. Quien esconde la riqueza, la roba o la niega no conoce la abundancia.
¿Cómo juzgar al que siente carente? ¿Cómo condenar a quién ya se ha condenado?
El egoísta es corrupto porque vive en la carencia. No hay mezquinos que vivan sin temor.
La sed del ambicioso es el lenguaje de su pobreza, pues un vaso repleto no necesita llenarse.
¿Cómo juzgar al que siente carente? ¿Cómo condenar a quién ya se ha condenado?
El egoísta es corrupto porque vive en la carencia. No hay mezquinos que vivan sin temor.
La sed del ambicioso es el lenguaje de su pobreza, pues un vaso repleto no necesita llenarse.
La verdad no necesita defensores
En la necesidad de convencer al otro se esconde una duda. Quieres convencer porque no te has convencido. El inseguro necesita seguidores para sentirse bien.
Quien lucha por defender una idea
es porque no se la ha creído. La verdad no necesita ser defendida para ser la verdad. La tierra siguió girando alrededor del sol aunque en el mundo se
creyera lo contrario.
...Nada le pasa al azul cuando el daltónico lo ve verde.
...Nada le pasa al azul cuando el daltónico lo ve verde.
Compartir no es convencer, dar no
es exigir, expresar no es imponer.
jueves, 24 de septiembre de 2015
Menos juicio, más acción
Si te molesta la corrupción, la
violencia, la codicia y la miseria, y te sientes decepcionado del mundo que
ves; pregúntate de qué manera puedes hacerle un regalo de amor al mundo que te
duele y necesita tu ayuda. Siembra sonrisas en las paradas de los buses, en tu
trabajo, en la universidad… ¿A cuántas personas escuchaste esta semana? Si
estás cansado de la mentira y la corrupción permite que la transparencia se
exprese en tu mirada, en las conversaciones y acciones que tienes.
Si te hastía la violencia y la agresión empieza a reconocer el amor y la luz
que habita en todas las personas y deja de percibir al otro como alguien
diferente a ti. Así dejarás de juzgar y comenzarás a comprender que detrás de
cada actitud deshonesta o hiriente se esconde una falta de amor que necesita
ser sanada. Cuando alguien te insulte traduce sus palabras y comprende que solo te está mostrando su dolor. “Todo ataque es un
llamado de auxilio”.
Si sabes en tu interior que la
violencia no te hace feliz entonces no apoyes causas que la fomenten. No te
embarques en discusiones de buenos y malos que solo alientan la polarización y
la lucha.
Si quieres la paz habla de paz, expresa paz, lleva paz a donde vayas.
El proceso de firmar la paz en Colombia no es un proceso entre la guerrilla y
el gobierno como los medios de comunicación nos hacen creer, es un proceso que
todos los colombianos debemos vivir en nuestro interior. Nunca conoceremos la paz si creemos
que son los otros (el afuera) quienes tienen el poder y la responsabilidad de
elegirla. No cedas más tu poder y firma la paz con Colombia y contigo. La paz
no florecerá afuera sino la siembras adentro.
Si estás cansado de políticos
corruptos que solo roban pensando en sí mismos, atrévete a pensar qué puedes
compartir con tu país. ¿A cuántas fundaciones apoyas? ¿A cuántas personas fuera
de tu familia y de tu círculo de amigos ayudas? ¿El dinero que recibes es solo para ti o una parte de tu dinero
la compartes con los que más necesitan? ¡Todavía tienes la oportunidad de
elegir distinto!
Si tus políticos enseñan egoísmo,
enseña tú altruismo. Si tus políticos enseñan soberbia enseña humildad, si tus
políticos enseñan a discutir, despréndete de tu deseo de ganar una discusión
cuando compartes una idea con alguien. Si los medios solo hablan de problemas sin solución para que seas un integrante más de las masas frustradas y resentidas, enseña responsabilidad y empoderamiento y asume que el cambio de tu
vida está en tus manos, en tus palabras,
en tu forma de pensar… Deja de defenderte y empieza a amar. Cada vez que te
defiendes estás apoyando la guerra.
Si sientes que la ambición y la
codicia han enfermado la tierra, escucha tu corazón y recuerda que la felicidad
no está definida por la suma de dinero que ganas con tu trabajo. ¿Cuánto vale
un atardecer? ¿Una caricia? ¿Cuánto vale la sonrisa de un extraño? ¿La lluvia?
¿Abrazar un amigo? ¿Llorar? ¿Cuánto vale escuchar una canción? ¿Comerte un
helado? ¿Preparar una cena? ¿Escuchar el silencio? ¿Bailar? ¿Gritar? ¿Cuántos
miles de millones se necesitan para dormir, comer y vestirte?
Parece fácil juzgar la ambición en el otro, pero qué difícil es reconocer que estás trabajando en un lugar que detestas solo por el
dinero que te dan a cambio, qué difícil es mirar hacia adentro y reconocer que sientes
que el éxito es directamente proporcional a la cifra de dinero que reposa en tu
cuenta bancaria. Si quieres crear un nuevo mundo, empieza por transformar tu vida. No seas un esclavo más de la aprobación exterior.
No juzgues a tus políticos y en
cambio agradéceles porque en su sed de dinero nos demostraron que la plata nunca será
suficiente para satisfacernos. En el enriquecimiento grotesco de nuestros
políticos y empresarios supimos que el dinero no llena a nadie porque el vacío
de la humanidad no se llena con dinero, solo se llena con amor.
jueves, 13 de agosto de 2015
Juzgar es sufrir
Cada vez que JUZGAS estás
creyendo en la SEPARACIÓN. Es decir, crees que existe alguien fuera de ti que
es DIFERENTE. Cuando crees en la SEPARACIÓN ves la vida desde el EGO. La única
VIDA que el EGO puede percibir es una
COMPETENCIA. Cuando vives en una COMPETENCIA entras en un CAMPO DE BATALLA y en
un CAMPO DE BATALLA todos son AGRESIVOS.
Cuando JUZGAS al corrupto, al
ladrón, al asesino, al sistema, a tu familia, a tus compañeros de trabajo, tus amigos, tu
país (Con tus pensamientos, palabras o acciones)… estás afianzando
tu creencia en la SEPARACIÓN.
Ahora, NADIE ve el MISMO MUNDO. Quien ve el Mundo desde la RIQUEZA MATERIAL a donde vaya verá POBRES Y RICOS, quien ve el Mundo desde la BELLEZA CORPORAL a donde vaya verá BELLOS Y FEOS, quien ve el mundo desde la INTELIGENCIA a donde vaya verá INTELIGENTES e
IGNORANTES. Y esto es porque TU CREENCIA CREA el mundo que ves.
Tu CREENCIA es como un FILTRO que solo te deja ver AFUERA
aquello que CREES ADENTRO. Analiza cómo es tu mundo y podrás saber cuáles son
tus creencias.
Lo que ves AFUERA, por lo tanto, es un ESPEJO que refleja
tus CREENCIAS. Así, cuando veas una persona que te irrita evita quejarte y
pregúntate qué parte de ti está reflejando esa persona. La naturaleza del EGO
es EVASIVA. Proyecta sobre el OTRO aquello
que no quiere reconocer en SÍ MISMO.
Cuando dejas de JUZGAR empiezas a hacerte RESPONSABLE. Esto quiere
decir que DEJAS DE IDENTIFICARTE CON EL EGO puesto que el EGO es totalmente
IRRESPONSABLE.
Cuando te haces Responsable NO TE CULPAS, NI TE CASTIGAS.
Aquel que se VICTIMIZA está EVADIENDO SU RESPONSABILIDAD para DESPERTAR COMPASIÓN
EN EL AFUERA.
Quien se hace RESPONSABLE se perdona Y ELIGE DIFERENTE EN EL
AHORA agradeciendo por la EXPERIENCIA que le llevó a tomar una DECISIÓN NUEVA.
Quien deja de JUZGAR deja de IDENTIFICARSE CON LA MATERIA,
pues sabe que el Mundo de la FORMA es TRANSITORIO. Para el EGO la FORMA confirma
su creencia en la SEPARACIÓN Y EN LAS DIFERENCIAS pues existen blancos y
negros, niños y ancianos, gordos y flacos. Para la CONSCIENCIA SUPERIOR LA FORMA NO ES MÁS QUE UNA MANIFESTACIÓN DE LA
ENERGÍA.
Cuando sabes que TODO ES ENERGÍA, NO CREES EN LA SEPARACIÓN.
Cuando no crees en LA SEPARACIÓN no crees en la existencia de alguien DIFERENTE a ti. Cuando no hay alguien diferente a ti crees en LA IGUALDAD. Cuando crees
en la IGUALDAD sabes que los pensamientos, palabras y acciones en contra de los
otros son pensamiento, palabras y acciones contra ti mismo. Cuando reconoces
esto CREES EN LA UNIDAD y cuando CREES en la UNIDAD CONOCES LA PAZ Y LA DICHA.
miércoles, 20 de mayo de 2015
Todos los sonidos están dentro del silencio
Abro los ojos y escucho el silencio que vibra en la mesa, en el nochero, en la ventana… Una quietud se mueve entre libros y paredes.
Llueve en Buenos
Aires.
Camino despacio
respetando el silencio. Me muevo lento como si un niño durmiera en mi pieza.
Afuera el viento
corre entre calles frías y húmedas. Los autos se mueven, se detienen, pitan,
aceleran. Un ladrido llega como un eco, el sonido metálico y agudo de un martillo
dibuja en mi cabeza el edificio que crece sobre Independencia y hay hojas de
los árboles que chocan por el viento y cantan como el mar cuando se balancean. Hay hojas secas que caen al suelo y crujen bajo zapatos de niños y turistas. El
eco de una ambulancia se acerca estridente cubriendo los demás
sonidos y de pronto mi pieza es grito y vidrios que tiemblan, pero pronto la estridencia es solo un eco, un sonido que huye hacia otras calles despiertas. Vuelve el silencio y con él el sonido del martillo, del
perro, del auto, del árbol… Sonidos cotidianos que jamás escucho.
Esta canción sin
partitura sigue tocándose mientras presiento una vibración que emana de todas las cosas. Una energía que las envuelve.
En esta quietud de mi
alma el silencio es una nota de matices infinitos. Todas las historias
ocurriendo en este instante.
Detrás del canto del
pájaro, del martillo, del árbol hay un sonido permanente que no vacila ni se
detiene. Una vibración que sostiene todos los sonidos.
Y vuelve otra vez el
ruido de la ambulancia temblando en mi cabeza. Empieza y termina un ciclo. Comienza otro movimiento. Me
pregunto si la vida será una partitura, una canción que solo escucho cuando
estoy atenta.
Llueve en Buenos
Aires.
Llueve
en mí.
Sinfonía de silencios
abrazando mis oídos.
domingo, 12 de abril de 2015
Miedo en los balcones
Boedo, este es el barrio donde vivo ahora. Ubicado en la zona céntrica de Buenos de Aires. Llegué el 12 de diciembre preparada para vivir fuera de Colombia.
La casa donde vivo tiene un balcón
grande. Por las tardes me gusta sentarme afuera para ver el atardecer mientras escucho
música o me quedo en silencio. Justo al frente hay una casa café oscura de dos
pisos. El primer día noté que tenía luces navideñas, un detalle extraño pues
adornar las fachadas no es una costumbre extendida en Buenos Aires. No llegan
ni a diez el número de casas iluminadas que vi en diciembre.
Con el paso de los días la casa vecina
empezó a inquietarme. El prenderse y el apagarse de las luces fue el único
movimiento que observé por días. ¿Y dónde está la gente? Fui al balcón en las
mañanas, en las tardes y en las noches con la esperanza de ver un movimiento
distinto, pero el titilar automático de las luces era el único acontecimiento
importante en la dinámica del hogar. Estarán de viaje, supuse.
Un día, sentada en el
balcón mientras leía, presencié el primer movimiento humano en la casa. Se
abrió la puerta del garaje y vi la trompa de un carro asomarse. Después se
abrió la reja siguiente que separa el antejardín familiar de la calle. El carro
salió, las puertas se cerraron tras de sí y en segundos el carro llegó al
semáforo de la esquina. No pude ver la cara de nadie.
Las luces del
alumbrado se prenden y se apagan, se prenden y se apagan. Pero la navidad no
está en las luces automáticas, está en la gente. La pobre casa parece detenida
en el tiempo. Ajena al mundo que la rodea. Y pensé en las historias que se
escriben detrás de las ventanas, historias ocultas a la luz del día, historias
de luz eléctrica y de aire acondicionado, de puertas majestuosas y siempre
cerradas. Historias con escudo.
Y comencé a mirar con
detalle las otras casas y las otras puertas, los balcones y las ventanas.
¡Cuántos balcones hay en Buenos Aires! ¡Cuántas puertas hechas para gigantes!
Cada puerta es una obra de arte, una escultura con rostros tallados. Esta
ciudad tiene pasado. Casas que parecen reliquias. Patrimonios históricos donde
vive la gente.
¿Y qué pasa en los
balcones? Desde hace dos meses no he visto a nadie de la cuadra en una ventana
o mirando la ciudad desde los balcones. Soy la única extraña que mira los
árboles mecerse con el viento. ¡Sí, hay viento a pesar de los pronósticos! El
primer verano argentino me recibió dócil como si quisiera consentirme, atraparme
en esta ciudad, hogar de la memoria. Y seguiré en Buenos Aires con la ciudad de
la eterna primavera en mi sonrisa, porque Medellín no son las calles, ni el
metro, ni los buses de colores, Medellín es una manera de vivir, de mirar a la
gente.
Veo las fachadas de
las casas y de los apartamentos en Buenos Aires. Las rejas fueron creciendo en
los balcones. Si estás en un balcón así no podrías estirar la mano hacia la
calle para mojarte cuando llueve. Es como meterse en una jaula que vos mismo
has construido. Y si mirás el edificio completo, verás que cada balcón es como
una celda seguida de otra y de otra y de otra.
Y
hay jaulas pequeñas para los pájaros dentro de estos balcones. La primera vez
que vi uno así no pude más que reírme. Los pájaros encerrados por obligación;
las personas por miedo. No sirven las rejas, las puertas ni los candados para
ahuyentar el miedo, éste se cuela por las rendijas más pequeñas, en las voces
del teléfono, de la radio, en la mirada paranoica del vecino, en la historia de
un hermano al que robaron, en el recuerdo siempre latente del día en que te
quitaron algo que era tuyo, solo tuyo.
Y
entonces los delincuentes caminan libres por las calles mientras que vos estás
en tu casa, en tu pequeña fortaleza, protegido detrás de las rejas sintiéndote
glorioso. Solo algunos días sentís que sos vos quien está encerrado y no ellos
y te persigue la idea de que tu apartamento se parece más a una cárcel y que
tus vecinos, cuando los mirás asomándote desde la rejilla, parecen prisioneros
que duermen en pisos distintos al tuyo.
También
hay plantas en los balcones. Muchas plantas. Una matera tras otra, pequeñas
porciones de tierra cuidando enredaderas que escalan las paredes como
alpinistas. Plantas que cruzan campantes las rejas de los balcones y se meten
en las casas de los vecinos. Y entonces se cubren las rejas metálicas de hojas
verdes, esas rejas que construiste para poner tus límites, para que nadie
vulnere los centímetros de aire que te pertenecen.
Extraño
comportamiento tienen las plantas que regás todos los días y que cierta semana
se extendieron irreverentes hacia los costados burlándose de tus límites.
Esto
lo pienso mientras viene Daniel, el dueño de la casa y me mira sentada en el
balcón con el celular en la mano y… “Tené cuidado Susi cuando estés en el
balcón, capaz que te ve alguien y busca la manera de subirse para apurarte tus
cosas. Nunca ha pasado. Pero puede pasar. No sé cómo será en tu país, pero
aquí…”y mueve la cara de un lado para otro con las cejas empinadas…
En
segundos estoy en Colombia recordando el día en que intentaron robarme el
celular con un cuchillo. Y veo la cara del tipo metida en mis recuerdos
persiguiéndome por días, arrebatándome el sueño, la bendita inocencia de mirar
a la gente sin pensar que quieren hacerme algo malo.
Supe
con el tiempo que el hombre no se había robado el celular, pero sí le permití
que se llevara algo más importante. La tranquilidad de caminar por la calle sin
sentirme la escolta de mis cosas. En últimas, las cosas son para disfrutarlas,
no para ser esclavo de ellas.
Es
una cárcel el miedo, imán que atrae y materializa temores. Creador de
realidades construidas con recuerdos. Quien más se protege, más vulnerable se
siente porque el verdadero peligro nunca está afuera. La amenaza que tanto
aterra es un antiguo inquilino despertándose al interior de la jaula.
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