La naturaleza de la gracia es expansiva. La plenitud es como el agua que llena el vaso y lo desborda. Quien esconde la riqueza, la roba o la niega no conoce la abundancia.
¿Cómo juzgar al que siente carente? ¿Cómo condenar a quién ya se ha condenado?
El egoísta es corrupto porque vive en la carencia. No hay mezquinos que vivan sin temor.
La sed del ambicioso es el lenguaje de su pobreza, pues un vaso repleto no necesita llenarse.
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