La comunicación no existe... pensé . Ya no quería hablar más ¿Para qué? Tuve de repente la sensación de que todos en ese salón estábamos encerrados en esferas de cristal y desde allí tratábamos de interpretar los movimientos de la boca que hacían las otras personas. La situación fue peor cuando comprendí que las eferas de cristal no eran tan transparentes como deberían, por el contrario, tenían una textura extraña, como viscosa, por esto las bocas que se movían afuera se veían borrosas..... ¡Demonios! -pensé- No existe la comunicación y recordé de inmediato el nombre de la carrera que elegí: Comunicación Social. ¡Estoy perdida!
Y es que parecemos esferitas rodantes, no nos moja la lluvia, ni nos transforma el sol. Nacemos blancos y nos morimos blancos.
En ese instante el profesor hacía su monólogo en voz alta y no digo que eso sea triste, lo triste es que él pensara que estaba conversando, debatiendo, intercambiando pensamientos.
Comunicar es hacer común, recordé la definición que me dieron en el primer semestre, pero ¿Cómo se logra esto si no escuchamos, si las esferas que nos envuelven no nos dejan ver claramente a los otros?
La mayoría de las personas definen sus posiciones frente a diferetes aspectos de la vida en la etapa de los 20 ó 30 años, de ahí en adelante su discurso es siempre el mismo y sus esferas no sólo son viscosas, sino polarizadas, blindadas.
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